Caminar sin que la lluvia dorada mojase, saltar sin poder el piso tocar, comer sin tener que cocinar, correr sin poder cansarte y sin que nada ni nadie te pudiese alcanzar, era unas de las tantas cosas que podías realizar ese día si en mis sueños aparecías.
Y es que ese día empecé a soñar despierta o quizás solo soñaba y mientras lo hacía me despertaba de eso no estoy muy segura aún, pero ¡ay, Dios mío! todo lo sentí muy real...
Recuerdo que estaba cenando en un castillo precioso de la época medieval, ubicado en una isla. Cenaba con criaturas y héroes mitológicos que desde siempre han llamado mi atención: sátiros, centauros, Hércules, Pegasus, Odiseo y hasta Perseo eran algunos de los que estaban haciéndome compañía en aquella majestuosa mesita. Comimos como reyes o como dioses del Olimpo mejor dicho helados de diferentes sabores con sirope de oro, frutas exóticas gigantes que ocupaban 4 platos de lo enormes que eran, diferentes tipos de carne (por eso de que las criaturas son carnívoras supongo), mariscos frescos y hasta sabores mixtos de té en fin un gran banquete para todos los presentes.
El clima era muy frío, había neblina y con solo decir la palabra “abrigo” lo tendrías puesto más rápido que contar el 1 - 2 - 3 era impresionante tal rapidez.
De fondo se escuchaba música clásica fusionada con pop interpretada por 5 hermosas mujeres, rubias, altas y delgadas que vestian de blanco y escondían su rostro con antifaces que eran una completa obra de arte.
Con un chasquido de dedos aparecí mágicamente en otro escenario, digo "magicamente" porque no tengo idea de cómo llegue a ese lugar bastante colorido. En la entrada un hombre muy alto que tenía por nombre “enano” te entregaba unos lentes oscuros para protegerte del resplandor de los colores brillantes y/o fluorescentes con los que me iría topando “Bienvenida, pase por aquí y disfrute del recorrido” me dijo el hombre mientras señalaba un caminito.
Al principio nada me asombraba tanto como los colores, pero después de tanto caminar, caminar y caminar una nube de arcoíris empezó a precipitar lluvia dorada sin que esta mojara; empecé a correr como si alguien o algo me estuviese persiguiendo para llegar al final del camino, corrí y corrí sin descansar y nunca agotada quedé. Estando en el final del camino la gran nube de arcoíris se convirtió a su vez en un arcoíris, pude notar que eso eran un gran error pero no dije nada, ya que las cosas no tenían sentido desde el principio.
Esta vez no escuche un chasquido de dedos ni tampoco lo vi, pero otro escenario apareció ante mis ojos arboles gigantes fue lo primero que observe:
“Parque Zoobotanico: cactus, cedros y demás árboles gigantes a la derecha, flores, mariposas y demás tipos de insectos del otro lado…esto es tuyo así que por un mundo mejor cuídalo por favor” se leía a los lejos en un cartel tallado en madera.
“Parque Zoobotanico: cactus, cedros y demás árboles gigantes a la derecha, flores, mariposas y demás tipos de insectos del otro lado…esto es tuyo así que por un mundo mejor cuídalo por favor” se leía a los lejos en un cartel tallado en madera.
Se respiraba una aire diferente entre tanta flora y tanta vegetación era un aire puro, libre de contaminación y me atrevería a decir que hasta verde. Me acosté en la grama a admirar el paisaje, a meditar, me sentí en la plenitud de la vida sin compañía humana en ese lugar, dormí un rato y al despertar estaba en el mismo parque solo que ésta vez con miles de trampolines alrededor de los árboles.
“Seguro es para hacerle control de calidad” dije así que me dispuse a saltar en ellos, después de todo para eso fueron inventados los trampolines ¿no?. Algo particular en esos trampolines es que al saltar nunca se podía tocar el látex, la gomina esa que permite dar tales saltos; era muy raro, era volar o lo más parecido a eso.
Estuve pseudosaltando/pseudovolando durante un largo periodo de tiempo, al parecer tal actividad no admitía cansancio alguno y tampoco que sepas cuando todo termina porque ese fue el último recuerdo de ese fantástico día.
El escritor irlandés ganador del Premio Nobel de literatura George Bernard Shaw dijo una vez:
“Algunos hombres ven las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Otros sueñan cosas que nunca fueron y se preguntan ¿por qué no?“
Y esa es la incógnita que domina mi cabeza al despertar cada día. Entre las cosas que son difíciles de explicar en el mundo, definitivamente los sueños son una de ellas.

